domingo, 17 de junio de 2012

Difuso

Tus cinco sentidos siempre estaban listos para captar lo que el entorno enviaba, cuerpo frío, débil de azúcar, lento y apacible.
Tu aspecto irradia a simple vista el esbozo por no entregar ni una sonrisa, yo no vi eso, vi una luz de tu alma, que abrigó durante horas mi cuerpo cansado, compartiendo caricias que valen lo que son, pero que existieron.
Al verte caminar entiendo miles de premisas instauradas en mi, contemplo tus movimientos suaves y bruscos, ingeniosos, latentes de afecto. Buscas en cada rincón atacar tu fobia, tu sudor que te impulsa a querer, tu mente que rehúsa entregarte y tus ojos que explican lo contrario. Tú, nadie más, tú. Algo extremo y disperso, sujeto a reglas menos comprensibles que mis relatos, tú, llenaste con sombras tus pies, los hundes, aprietas y queriendo flotar, para descansar e intentar revelar el olor de tu amor, el deseo de tocar la arena junto a una espalda quebrada por la espera.
No pretendo hallar la cura de tu dolor, solo quiero ser quien te de la mano.

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